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Christopher Dawson, “La caída del Imperio Romano”, en “historia de la cultura cristiana”, la ed. FCE. P. 105-122. Universidad Nacional Autónoma de México. ENP 2. Erasmo Castellanos Quinto. Hernández Pacheco Rodrigo. 662

La inminente fractura del Imperio Romano.

La etapa de conquistas del Imperio romano, fue al mismo tiempo la etapa de expansión de la cultura helénica. Esta cultura fue aceptada de forma muy superficial entre los pueblos campesinos conquistados, pero en las grandes y pequeñas urbes del Imperio, el espíritu helénico fue enteramente práctico y utilitario.

A lo largo del texto podemos ver que las ciudades romanas fundadas en los pueblos conquistados, trataban de imitar a su vecina en Roma, por lo menos en cuanto al esplendor de edificaciones y la vida ociosamente urbana. Los pobladores de las ciudades en cuanto a producción aportaban una mínima, y el gasto recaía enteramente sobre los pobladores campesinos que poco a poco cayeron en la ruina por el alto cobro de impuestos y la avaricia de la sociedad urbana que buscaba solo el culto del placer material y del éxito. Dejando del lado el culto a la religión antigua, que alimentaba el alma humana.

Pero esta vida de placer material, ocio y éxito no era para toda la población. La gran mayoría vivía oprimida política y militarmente por el estado quien solo veía por la causa de las Urbes y muy pocas veces miraba la desgracia de los pobres y las clases desprotegidas. Estas clases encontraron libertad, apoyo y fortalecimiento del Alma en la religión cristiana, pero sobre todo en la Iglesia cristiana, lo que desató un nuevo movimiento que entró en conflicto con la vacía y estéril sociedad urbana.

Pero cabría preguntarnos, ¿fue realmente el cristianismo el culpable de la destrucción del Imperio? Como se dijo antes, las bases de las urbes eran débiles y sustentadas en la población no urbana, esto dio como resultado que igualmente el ejército estuviera sustentado en la población rural recién sustentada. La clase campesina teniendo el poder militar no dudo ni un momento en tomar el poder político.

El estado Romano se fracturo por completo, únicamente el ejército y el poder imperial sobrevivían. Diocleciano quien fuera emperador de Roma, intentó restaurar el estado, dejando del lado las ciudades-Estado, adaptando a la vida romana la política absolutista monárquica de Oriente. Esto dio como resultado que las antiguas creencia religiosas politeístas fueran en contra de los ideales del estado, por lo que la propuesta fue una religión monoteísta y “universal”.

La perseguida religión cristiana cubrió esta necesidad al cien por ciento, a tal punto que el emperador la volvió religión oficial del Imperio.

Ya afianzada la iglesia cristiana, sus representes (los obispos) llegaron a obtener un grado de autoridad y control similar a la de los gobernantes estatales.

A pesar que la cristiandad no compartía totalmente las ideas del helenismo, fueron muchos los letrados cristianos quienes fusionaron la cultura helénica con los saberes cristianos, esto dio lugar a la patrística. Que tendría una importancia incalculable para los cimientos de la cultura Occidental.

A pesar de los intentos varios de reconstruir el Imperio, las condiciones eran muy poco favorables. A medida que la fuerza de Roma decaía, los barbaros recuperaban y conquistaban los territorios alejados de la capital. La sociedad Romana no belicosa e indefendible sucumbió en un “día del Señor”.

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